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La creación y gestión de un equipo de profesionales conlleva una reflexión previa por parte de la persona que se va encargar de liderarlo. Las situaciones que pueden llevar a tener que dirigir un equipo pueden ser desde tener que encargarse de uno ya creado  hasta tener que crearlo partiendo de cero.

Sea cual sea el escenario del que partimos hay ciertos detalles que pueden contribuir a que no nos tengamos que conformar con gestionar un “buen equipo” sino que podamos aspirar a liderar un “equipazo”. Aquí van 11:

  1. Escoge a un buen profesional pero no descuides la persona. Si tienes la fortuna de poder formar a tu equipo asegúrate de que tienen, individualmente, las competencias profesionales requeridas y obsesiónate con conocer sus competencias personales. El profesional es importante pero si detrás de él hay, por ejemplo, un individualista convencido  o un generador de mal ambiente su conocimiento y experiencia te van a servir de bien poco.
  2. Analiza en qué se convierten como conjunto tus elecciones individuales. ¿Forman un todo que mejora al individuo?, ¿Confías en que esas personas puedan funcionar bien cuando tengan que trabajar juntas? Es importante que respondas a estas preguntas y a todas aquellas que puedan surgirte en relación a la integración del “uno” en el “todo”. Lo que al final importa es que todas las piezas conformen un motor potente, resistente y fiable.
  3. Crea tu equipo de manera inteligente y realista. Mi definición de equipo, en su versión menos romántica, es la de un conjunto de personas imperfectas que juntas se aproximan más a la perfección. Creemos un equipo compensado de cara a que las imperfecciones de unos se equilibren con las virtudes de los otros y viceversa.
  4. Zapatero a tus zapatos. El que mejor sabe hacer una tarea debe encargarse de desempeñar la misma. Cuando queramos crear un equipo de alto rendimiento tendremos que ayudar a sus componentes a desarrollar sus áreas de mejora pero por encima de todo estos deben estar ubicados en el lugar en el que puedan dar su mejor versión. Tenemos que ser claros a la hora de explicar al profesional donde le vamos a ubicar, cuáles van a ser sus tareas y qué esperamos de él. Una vez lo hayamos hecho esta persona podrá decidir si se apunta o no. Si somos sinceros desde el inicio no habrá lugar a reproches y si los hay estos caerán por su propio peso.
  5. Ser justo no es tratar a todo el mundo por igual. La justicia en el ámbito laboral es dar a cada uno lo que merece en función de variables tales como los méritos, el esfuerzo, el rendimiento y los resultados. El trato igualitario es sobre todo desmotivador para los mejores porque saben que por mucho que hagan nunca van a recibir un justiprecio ni se va a reconocer la diferencia que marcan.
  6. Bienvenidos sean los desacuerdos públicos. Una opinión contraria a la del líder manifestada en público debe tomarse como un regalo envuelto en normalidad y confianza. Hablemos de esos puntos de vista encontrados, analicémoslos y saquemos de ahí la decisión que más convenga al objetivo que estamos buscando. La elección última la tiene el líder, pero si la misma viene tras una escucha previa y un debate rico y sincero será tomada de mejor manera por todos los miembros del equipo (incluso los que discrepen).
  7. Dialoga individualmente con cada uno de los miembros de tu equipo siguiendo una proporción de al menos 60/40. Cuando hablo de 60/40 me refiero a que al menos el 60% de la conversación, como mínimo, sea copada por tu colaborador. Para él tener una conversación contigo es una oportunidad para manifestar sus puntos de vista, preocupaciones, observaciones y quizás críticas. Para ti es una ocasión para conocerle mejor y tener una fotografía correcta de cómo está él en relación al equipo y a ti. Para que todo esto se dé se tienen que cumplir un par de reglas: que hable él más que tú y que tu turno esté presidido por preguntas, de carácter abierto, que te posibiliten recabar más información sobre él. Una buena lectura relacionada con el Coaching puede serte de gran ayuda de cara a saber preguntar mejor.
  8. Muéstrate retador. Busca nuevos proyectos, nuevas barreras a superar, pídeles que aporten ideas y sugerencias de mejora y aplícalas si consideras que van a robustecer al equipo.
  9. Puertas abiertas. La política de “puertas abiertas” es saludable para los miembros de tu equipo porque sentirán que ellos están ahí porque así lo han decidido libremente. Es ecológico hacer saber a tus colaboradores que tu filosofía es la de aceptar que alguien no quiera estar en el equipo y que, llegado el caso, le apoyarás y ayudarás a buscar la mejor salida posible. Igualmente es beneficioso alegrarte y celebrar la partida de alguno de los integrantes cuando promocionen o se involucren en un nuevo reto profesional.
  10. Sé equilibrado ante los problemas. Un equipo va a pasar, sin lugar a dudas, por dificultades y es ahí donde debe sale a reducir el verdadero carácter del líder. Si te muestras nervioso, tenso, acobardado, a la defensiva y reprochador tu credibilidad quedará profundamente en entredicho y te será muy difícil recuperar la confianza de tus colaboradores. Gestionar un equipo en momentos “dulces” es meritorio pero también es más sencillo que “en las malas”. Cuando las cosas no vengan de cara el líder tendrá que manifestar tranquilidad, equilibrio, raciocinio, discernimiento, capacidad de decisión y personalidad para poder hacer los ajustes oportunos sin ofender o hacer de menos a nadie.
  11. Comunica limpio. Un discurso estructurado, claro y que contenga toda la información necesaria es esencial para que el equipo fluya y pueda rendir convenientemente. También es importante, en las reuniones, abrir un turno de preguntas y sugerencias porque con las primeras aclararemos dudas y con las segundas nos permitiremos reflexionar y considerar cambios o acciones que incrementen la calidad del trabajo a realizar.

Estas son mis once sugerencias para crear un “equipazo” de trabajo, me encantaría conocer y leer las tuyas.

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