felicitá

 

En un mundo en el que se consideran indicadores de éxito cuestiones tales como el número de seguidores en redes sociales, “likes”, ser o no ser “runner”, tener una talla 36, conseguir el “six pack” o compartir muchas fotos “flow” en tu cuenta de Instagram con los correspondientes “me gusta”,  existe un concepto muy de moda, y que se relaciona con estos indicadores, llamado “felicidad”.

La felicidad es algo sobre lo que se ha escrito, disertado y filosofado desde que el mundo es mundo y hoy en día se ha convertido en un nicho en el que muchos profesionales y no tan profesionales han encontrado una manera de ganar dinero en forma de libros de autoayuda, disciplinas de culto al cuerpo, corrientes relacionadas con el bienestar, como el yoga o el mindfulness, o movimientos que proponen un estilo de vida alternativo al que estilamos por estas latitudes.

Las razones de esta moda, casi obsesión, por ser feliz están más que fundamentadas. Veamos algunas de ellas:

  1. En la época de la máxima comunicación e interacción, virtual, las encuestas nos siguen hablando de altas tasas de soledad. No hay más que ver que el número de hogares en los que reside una sola persona siguen aumentando.
  2. Los ansiolíticos y antidepresivos baten records de ventas.
  3. El número de matrimonios que se separan sigue estando en niveles de un 50% sobre el total de enlaces que se celebran.
  4. Existe una obsesión por mostrar que uno es feliz y que tiene una vida interesante y completa (para más información consultar Instagram).
  5. Vivimos en la sociedad de las prisas, del vértigo y del “lo quiero, y lo quiero ya”. Todo ese caldo de cultivo genera altos niveles de frustración, stress y agotamiento.
  6. Y quizás lo que es más importante, la dinámica del “carpe diem” en la que vivimos dificulta pensar o tener un propósito vital y conlleva que haya ciertas preguntas que empiezan por “qué”, “para qué” y “por qué” que no nos hacemos nunca por miedo a no tener respuesta o porque la respuesta sincera sea contraria al estilo de vida que estamos practicando. Aquí van algunas:

– ¿Qué misión o propósito tengo en la vida?

– ¿Para qué me levanto todos los días?

– ¿Por qué tengo que estar dedicando X horas al día a algo que no me gusta?

Estas cuestiones, y seguramente muchas más, generan un debate y un floreciente nicho de consumidores dispuestos a comprar o a consumir productos que nos ayuden a conseguir o al menos aproximarnos a la ansiada felicidad.

En mi opinión tratar el tema de la felicidad desde un punto de vista genérico, por ejemplo servirse de un libro de autoayuda,  es como pretender que una aspirina nos cure de todas y cada una de las enfermedades registradas en los tratados de medicina. Es posible que una aspirina nos pueda aliviar en algunos cuadros, un dolor de cabeza, pero en otros su uso sería banal cuando no contraproducente.

La felicidad es un concepto que tiene una característica que la hace incompatible con soluciones generalistas, y es que es algo profundamente íntimo y personal. Lo que te hace feliz a ti no me tiene que hacer forzosamente feliz a mí, y no solo eso sino que además es posible que me haga infeliz. Por ejemplo, en algunos libros de autoayuda se habla del contacto con la naturaleza como algo que puede ayudar a sentirse equilibrado y mejor con uno mismo y con el entorno, por lo tanto un paseo en primavera por un bucólico parque podría ser un momento “zen” para muchas personas, pero también podría ser una magnífica oportunidad para acabar en un hospital si el aspirante a ser feliz es alérgico. El ejemplo es algo forzado, pero de alguna manera trata de dar a entender que existen pocas recetas genéricas, o quizás ninguna, que hagan que todo el mundo pueda sentirme más dichoso.

La aspiración a sentirse mejor, a ser más feliz y a sentirse más a gusto es razonable y legítima pero tendría que partir de una reflexión íntima y personal. Aquí van algunos pasos para ello:

  1. A título previo: Las soluciones genéricas y los libros de autoayuda no son malignos ni muerden, simplemente hay que tomarlos como lo que son: catálogos o alternativas que pueden o no funcionarnos. Es fantástico si nos funcionan, pero si no lo hacen no hay que desesperarse porque las recetas para ser feliz no empiezan ni acaban en ellos sino en nosotros mismos.
  2. Podemos comenzar haciéndonos preguntas de este tipo: ¿Qué es la felicidad para mí?, ¿Qué me hace feliz?, ¿Qué es lo que me hace feliz y ya lo tengo?, ¿Qué es lo que me haría feliz y todavía no lo poseo? Una definición personal de la felicidad y un repaso a nuestra situación vital nos puede dar una visión realista de nuestra ubicación y de la ruta que queremos seguir.
  3. Si nos centramos en lo que nos haría feliz pero no lo tenemos podríamos seguir preguntándonos, ¿En qué medida depende de mí el conseguir lo que anhelo?, si por ejemplo entiendo que sería más feliz pesando cinco kilos menos este objetivo dependería 100% de mí y por lo tanto su consecución o no partiría y finalizaría en mí. Pero imaginemos que lo que deseo para ser feliz es tener una pareja, en este caso el objetivo no depende exclusivamente de mi voluntad sino que es cosa de dos. Es legítimo que quien quiera tener pareja la busque pero también es aconsejable que reflexione sobre si es sano para él/ella vincular la felicidad propia a las decisiones de otras personas o a circunstancias que escapan de su control.
  4. Enlazando con el punto 3, vivir en sociedad nos lleva a pensar que parte de nuestra felicidad debe estar vinculada a las personas que nos rodean y a las decisiones que ellos toman. En mi opinión este concepto es erróneo, lo que hacen otras personas puede gustarnos más o menos, pero cuestiones como nuestro bienestar o felicidad no tendrían que vincularse ni exponerse al criterio, decisiones o pareceres de estas personas. Vivir en sociedad nos hace generar vínculos emocionales, afectivos y de otra índole con familiares, amigos o compañeros de trabajo pero hemos de ser conscientes de que el bienestar o el ser feliz es un tesoro que nos pertenece y que hemos de proteger, cuidar y restaurar cuando sufra algún accidente aun corriendo el riesgo de ser tachados de egoístas.

En resumen, la felicidad no es como el agua, que apaga la sed e hidrata a todo aquél que la bebe, sino más bien es un buen vino que cuidamos personalmente en nuestros viñedos y barricas de manera artesanal durante años para gozar de él tantas veces como deseemos.

Como epílogo, comentar que esta es una opinión más acerca de la felicidad que no tiene mayor pretensión que sumar un punto de vista a un tema sobre el que nunca se cerrará el debate.

Posdata: Aquí tenemos un ejemplo de lo que es la felicidad, “su felicidad”,  para el cantante Lichis y su grupo “La cabra mecánica”:

Felicidad. La Cabra mecánica

 

 

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