pepito conciencia

 

 

Procrastinar es la inacción respecto a alguna cuestión que tarde o temprano vamos a tener que afrontar. Este “no actuar” se puede deber a varios motivos:

Incomodidad. Afrontar el hecho en sí nos hace salir de nuestra zona de confort.

Inmadurez. Sentimos que no estamos preparados para afrontar las consecuencias de “coger el toro por los cuernos”.

Mantener el “status quo”. No estoy tan mal no afrontando el hecho por lo que “virgencita, virgencita, que me quede como estoy”.

Estos motivos no son excluyentes a por lo que podrían confluir más de uno o los tres a la vez.

Procrastinar puede tener consecuencias varias:

Psicológicas. Miedo, ansiedad, sentimientos de culpa y de inferioridad.

Fisiológicas. Dificultades para dormir, nerviosismo, poca capacidad para concentrarse.

Procrastinar, en resumen, no es más que atrasar lo inevitable y lo que finalmente acabará sucediendo. Procrastinamos en la vida cuando no rompemos a tiempo con nuestra pareja, cuando no afrontamos una conversación pendiente con un amigo o un familiar o cuando soportamos comentarios vejatorios de cualquier persona de nuestro entorno. Procrastinamos en el trabajo cuando tenemos que pedir un aumento de sueldo y no lo hacemos, cuando un colega está invadiendo nuestra parcela decisoria y no se lo comunicamos o cuando sufrimos menosprecios continuos e injustos y no replicamos.

Al final el procrastinador tiene como compañero a un incómodo “Pepito Grillo” que se encarga de recordarle que algo está fallando y que debería tomar cartas en el asunto. Si te ves reflejado analiza tu situación y decide la estrategia a seguir, si optas por tomar cartas en el asunto adelante con ello y si eliges no hacer nada se consecuente y no te martirices porque tú has tomado la decisión libremente y sabes mejor que nadie lo que te conviene.

¿Procrastinas o asumes las cosas tal y como te van viniendo?

 

 

 

 

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