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Mucho antes de que se inventaran las redes sociales, los smartphones, blogs y todos estos “cool” conceptos que a día de hoy forman parte de nuestro vocabulario hubo un gremio o sector que inventó las dos grandes preguntas de cuya respuesta depende, en gran medida, el éxito o fracaso de la entrada de una empresa/marca en los feisbuks y tuiters.

El gremio que inventó las dos grandes preguntas fue el de los padres, sí tus padres o mis padres. Estas preguntas las ponían en escena en las negociaciones que frecuentemente tenían con sus hijos cuando estos les pedían algo que ellos veían como superfluo o innecesario. Si por ejemplo el niño pedía unos Levis 501 papá o mamá podían argumentar que por qué tenían que gastarse en unos vaqueros 3 veces más que los que podían costar unos que no fueran de marca y que hacían el mismo servicio. Este revés provocaba normalmente que los argumentos dieran paso a las súplicas y a razonamientos peregrinos de todo a 100 hasta que uno de los progenitores hacía un par de preguntas:

1. ¿Por qué lo quieres?.

2. ¿Para qué lo quieres?

Las preguntas eran sencillísimas, de las respuestas os hablo ahora.

1. ¿Por qué lo quieres?. Aquí va un catalogo de respuestas:

– Porque son Levis. Apelas a la ignorancia de tus padres acerca del “marquismo” y concretamente de las marcas de vaqueros. Pretendes que papá y mamá se impresionen y digan “joder Fernando, haberlo dicho antes. Si hubiéramos sabido que querías unos 501 no te lo hubiéramos puesto tan complicado”

– Porque los tiene fulanito o fulanita. Nos reconocemos envidiosos y apelamos a la competitividad entre padres, “si a fulanita se los han comprado cómo no me los vas a comprar tú a mi”

– Porque los otros son cutres. Pretendo conseguir algo despreciando la otra alternativa y no aportando ni una sola idea acerca de por qué es mejor la opción que planteo.

– Porque mis amigos los tienen. Puerta abierta a que papá y mamá respondan “pues pídeselos a los papás de tus amigos a ver si se apiadan de ti”

Como veis las respuestas son francamente mejorables pero la cosa se puede poner peor. Vayamos a la segunda pregunta:

2. ¿Para qué los quieres?.

– Para ponérmelos. La respuesta paterna y materna va directamente al mentón, “para ponértelos te puedes poner otros que cuestan la tercera parte”. Capítulo aparte merece la chulería que denota la respuesta y lo poco que ayuda esta actitud a la consecución del objetivo.

– Para ir a una fiesta a la que me han invitado. Qué demonios tiene que ver el ir a una fiesta con los vaqueros que uno se pone. Ahora lo piensas y te entra la risa.

Como podréis imaginar la consecución de los 501 no estaba basada en la capacidad negociadora sino más bien en el amor de padres o en que al final uno acababa dando lástima. Muchos años después hice un Master que incluía un módulo de negociación, esto no hizo más que reforzar mi fe en Paolo Coelho y su teoría de que el mundo conspira para que cumplas tus deseos. En este caso el mundo conspiró para saldar una carencia manifiesta relacionada con mi capacidad de negociar.

25 años después, año 2013, estamos inmersos en el mundo de las redes sociales, un mundo en el que hay una creciente presencia de marcas y empresas. Cuando tratas de interaccionar con estas te encuentras de todo, empresas que contestan, empresas que no lo hacen, empresas que responden a críticas, empresas que las ocultan e ignoran. En resumen, empresas y marcas que son capaces de alcanzar mejores cotas de valoración y respetabilidad por el mimo y cuidado que ponen a la hora de entrar en estos medios,  pero también otras compañías que teníamos mitificadas hasta que nos animamos a interaccionar con ellas y nos encontramos con respuestas poco o nada útiles o con lo peor: la indiferencia desplegada en forma de silencio.A estas últimas me gustaría lanzarlas un par de preguntas:

1. ¿Por qué?.

2. ¿Para qué?.

Me temo que las respuestas provocarían que nuestra consideración hacia ellas pudiera bajar unos cuantos enteros mas.

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