waiter

 

 

Ayer por la noche salí fuera a cenar con unos amigos, la velada estuvo bastante bien, buena compañía, la comida fue muy aceptable y las conversaciones fueron relajadas e intrascendentes, este último punto lo valoro mucho cuando me junto con gente sin pretensiones de arreglar el mundo. No obstante hubo algo que se salió del guión y que me dejó pensando una vez acabamos de cenar y marché a casa, ese “algo” fue el camarero que se ocupó de nuestra mesa. Si os tuviera que dar 4 pinceladas del mismo apuntaría que:

– Tendría unos 49 años.

– Su acento le delataba como argentino.

– Su trato era agradable.

– Nos atendió de la mejor manera posible teniendo en cuenta que la terraza estaba llena y solo la atendían dos personas.

Una vez que pedimos las bebidas y nos trajeron una tapa echamos un vistazo a la carta, elegimos unas cuantas raciones y nos pusimos a charlar mientras venían a tomarnos nota. Unos 10 minutos después apareció “nuestro” camarero y cuando pedimos la cena nos comentó que si no nos parecían mucha comida, automáticamente pasé del modo piloto automático al modo manual. El concepto que, a priori, uno puede tener de la gestión de un bar es que lo realmente interesante es que la gente consuma cuanto más mejor. En cambio este camarero, que estoy seguro estaría deseando tener la máxima recaudación en la caja cuando cerraran el bar, nos estaba invitando a darle una vuelta mas a lo que íbamos a pedir. Dado que ya estaba en modo “on” no pude evitar preguntarle si no se estaba “pegando un tiro en el pie” aconsejando a sus clientes consumir de manera responsable en vez de incitarles a probar tal o cual plato, es decir a seguir engordando la cuenta. Su respuesta fue firme y rápida: “Conozco lo que es pasar hambre y siempre que voy a comer pido lo justo”. Lección magistral de la ética de los negocios, gestiono a mis clientes aconsejándoles, solo aconsejándoles, en función de mis creencias, mis valores o de lo que a mí me funciona. Un matiz importante es que esta persona no nos quiso obligar, ni tampoco insistió en que siguiéramos sus instrucciones, simplemente se limitó a comentarnos lo que él pensaba con el máximo respeto, tomar nota y servirnos la mesa unos minutos después.

Esta inesperada lección me llevó a pensar en estas 5 cosas que quiero compartir con vosotros:

1. Mi predisposición a hacer negocios con una empresa que predica con el ejemplo y que hace lo que dice es claramente superior a hacerlos con cualquiera otra que no lo haga.

2. La invitación de una empresa/negocio a realizar un consumo responsable no debe quedarse solo en la mera propuesta sino también en desplegar acciones para que el mensaje llegue al consumidor. Un ejemplo de lo que entiendo como mensaje “cainista” de invitación al consumo responsable es el que lanzan las empresas que venden bebidas alcohólicas. No es creíble por ser un mensaje tibio, porque se hace todo lo posible para que el consumidor no repare en el mismo  y por dar la impresión de que lo han adoptado por cuestiones políticas o por “quedar bien”. Para eso mejor no lo pongas, podrán acusarte de que vendes un producto perjudicial para la salud de los consumidores pero al menos no te acusarán de cínico.

3. Por el contrario existen empresas que sí abanderan un mensaje ético, que predican con él y que obtienen a cambio un público fiel y unos perfectos embajadores de la marca. Aquí os dejo un post de uno de mis blogs de referencia que ejemplifica lo que estoy comentando:

http://www.marketingguerrilla.es/caso-salomon-como-una-empresa-compite-con-exito-en-su-nicho-contra-los-gigantes-del-running/

4. La ética puede ser una perfecta estrategia de venta. Inmersos en una de las mayores crisis de la historia, asustados por un futuro incierto y decepcionados con empresas que durante la época de bonanza nos hicieron creer que nos querían, que nos cuidaban y que siempre estarían allí disponemos de una oportunidad para redefinir nuestra estrategia a la hora de relacionarnos con las empresas a las que adquirimos sus productos o servicios . Esta oportunidad va a suponer un “bang” en el cosmos empresarial que posibilitará el nacimiento de un nuevo planeta, el planeta “ética”, pensado para que se asienten allí empresas que quieran hacer negocios que valgan la pena para todas las partes involucradas, negocios en los que si puedo aconsejar a mi cliente que se compre un coche de 15.000 euros, dadas sus necesidades y su nómina, no le sugeriré que compre el de 30.000 aunque mi comisión sea del doble. Y haré esto porque es lo que me gustaría que hicieran conmigo, porque me siento mejor trabajando así y porque, además, tengo la confianza en que este cliente será mi mejor prescriptor de cara a familiares y amigos y en que quizás, en unos años, vendrá otra vez a hacer negocios conmigo. No hablo en ningún caso de un altruismo estúpido ni ñoño sino de que los negocios y la ética pueden y deben ir de la mano aunque el camino para alinearlos pueda ser difícil y los resultados no sean visibles ni tangibles a corto plazo. La confianza no se gana en unos meses.

5. La confianza, la credibilidad y la autenticidad es un valor que todas las empresas conocen y que muchas han explotado en estos tiempos difíciles. ¿Os habéis parado a pensar que a día de hoy muchas empresas están utilizando anuncios suyos de hace 10 o 2o años?, ¿qué pretenden con ello?, mi opinión es que nos quieren devolver a tiempos más felices y más optimistas, que desean hacernos ver que llevan tiempo con nosotros y que nos acompañarán pase lo que pase. En pocas palabras, que son auténticas y confiables y que aunque a veces no reparemos en ellas han sido y son parte de nuestras vidas. Nosotros, como consumidores, tenemos que estar atentos, documentarnos y separar el grano de la paja para que nuestra confianza esté en manos de quién realmente la merezca.

P.D. Sirva como anécdota comentar que no cambiamos el pedido y nos lo comimos todo, había hambre.

🙂

 

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