silencio_14

 

 

Turno de palabra. Estas tres palabras unidas en el orden en el que las sitúo habla del espacio que tiene una persona para manifestar su opinión en una conversación con uno o varios interlocutores. En su versión más ideal podríamos añadir “sin posibilidad de que nadie interrumpa lo que quiere expresar hasta que haya terminado”. En su versión soñada, fabulosa, fantástica y maravillosa podríamos añadir “sin posibilidad, INCLUSO, de que nadie le haga en un tono irónico la siguiente pregunta: ¿Has acabado ya?”.

En las reuniones futuras que mantengamos con nuestros colaboradores deberíamos grabarnos a fuego este primer párrafo como una primera, que no única, palanca para tener una efectiva y satisfactoria conversación con la persona que nos puede encumbrar o dejar en evidencia como gestores de equipos. Es más, si profundizamos en el respeto al turno de palabra que se ha de seguir en estas conversaciones con nuestros colaboradores tendríamos que hablar de estrategia y táctica. Vayamos a por ello:

Estrategia. La estrategia que he de diseñar es aquella que posibilite que mi colaborador salga de la entrevista con las cosas claras, y cuando hablamos de que tenga las cosas claras es que esta persona salga fortalecida en aquello que le hemos reforzado y con ganas de mejorar en aquello que le hemos pedido un esfuerzo. Una manera muy útil de jugar a favor de nuestra estrategia cuando estemos en el “campo de batalla” es permitir que esa persona hable, se exprese y nos cuente las cosas como son para él/ella. Podríamos incluso convenir que es más interesante que hable nuestro colaborador que no nosotros porque nuestro grado de conocimiento de él/ella será mayor y por lo tanto podremos prestarle un mejor servicio. Sí, he dicho “prestarle servicio”  porque un gestor de equipos es un entrenador, un coacher, un posibilitador o un facilitador pero los atletas son ellos, los que lucen ante el público son ellos, los que definitivamente hacen y construyen la imagen de la empresa son ellos. En ocasiones olvidamos esto y caemos en divismos y excesos mediáticos no dándonos cuenta de que nuestro papel debe ser secundario.

Táctica. Será como despleguemos nuestras armas cuando nos sentemos en la sala, miremos a los ojos a nuestro interlocutor y comencemos. Lo táctico tiene mucho que ver con manejar nuestros recursos, nuestras piezas en esta partida de ajedrez. La táctica marca, en cada minuto, como nos desenvolvemos y como desplegamos nuestro lenguaje verbal y gestual, nuestra capacidad de convicción y sobre todo nuestra capacidad de ser creíbles. Para poder hacer esto nos debemos aliar con nuestro interlocutor, con lo que  nos cuente, con lo que no nos cuente pero nos escenifique, con escuchar sus anhelos, sus dificultades, sus frustraciones, sus críticas a la organización o a nosotros mismos. Todo ello sirve para movernos en este imaginario tablero de ajedrez y así poder dar respuestas, explicaciones y por encima de todo dar un motivo o varios para seguir.

Además de haber hablado de estrategia y táctica aquí van una serie de consejos que espero te sirvan o que descartes después de haber intentado utilizarlos ya que al menos podrás decir que has probado otras cosas aunque luego no te hayan funcionado.

1. Regla 60 TÚ 40 YO. Esta regla consiste en buscar un punto óptimo del que partir a la hora de conversar con nuestros colaboradores. Si estamos dispuestos a conceder un 60% del tiempo de conversación a nuestro interlocutor y a quedarnos nosotros con un 40% estamos en el camino correcto. Según vayamos desarrollando nuestra maestría a la hora de dirigir las conversaciones iremos bajando nuestro tiempo de palabra. No vamos a influir más por más que hablemos.

2. Coaching. Lee algo sobre coaching, interésate por ello y experimenta poquito a poquito con la técnica de “las preguntas poderosas”.

3. Descartemos el tono imperativo y el condicional que busca igualmente dar órdenes. Recordad que habláis con personas que seguramente han tenido similares o incluso más experiencias vitales que vosotros. Que quizás hayan conocido el dolor, la muerte de seres próximos, la angustia, la soledad, las dificultades económicas o que sé yo. Muchas veces no conocemos a quién tenemos delante y utilizamos con ellos expresiones tales como estas: “tienes que”, “debes”, “deberías….”. ¿Quienes somos nosotros para dar órdenes a la gente como si fuéramos las personas más experimentadas y con más sabiduría que puebla la faz de la tierra?. Algunos pensaréis que trabajar con colaboradores consiste, entre muchas otras cosas, en que hay que darles instrucciones que ellos tienen que seguir, quizás no os falte razón en el “qué” pero posiblemente no hayáis reflexionado acerca de el “cómo”.

4. Dispongámonos a vivir una aventura cada vez que entremos en una sala para mantener una entrevista con un colaborador. Es positivo saber qué quiero comentar a un colaborador e incluso tener un plan para hacerlo pero predispongámonos a ver cómo transcurre la conversación porque quizás encontremos un camino para decir lo mismo con un impacto mucho más potente en la mente de nuestro interlocutor.

5. No nos vendamos como una fuente de conocimiento y experiencia. Intentemos no desarrollar a nuestro colaborador poniéndonos a nosotros como el ejemplo del esfuerzo, de la virtud, y de lo lejos que se puede llegar siendo un ser superior. En ocasiones es mucho más potente y ganas más cuando cuentas tus defectos, tus fracasos, incluso los miedos que tuviste en algún momento. Digo que es más potente porque es muy positivo que la persona que está contigo en la sala perciba que tú también te equivocas, que has fracasado, que te has levantado, y que has seguido insistiendo o que quizás escogiste otro camino porque comprendiste que estabas en una vía muerta. Humanízate y trata de ser humilde haciendo entender que el éxito es al final la consecuencia de unos cuantos fracasos.

6. Aprende de ella/él y dale las gracias. Aprende de tu colaborador, toma estas entrevistas o charlas como una clase para ti. Tenemos mucho que aprender de ellos, de sus puntos de vista, de sus críticas, de su visión del mundo. Interioriza lo que te cuenten y acciona las palancas que entiendas tienes que accionar  si crees que se pueden mejorar las cosas. Agradece siempre sus aportaciones y sus ideas fructifiquen o no……y si fructifican di a todo el mundo que la idea original partió de ellos.

7. Termómetro. Cuando percibas que tu colaborador se muestra cada vez más con más ganas de cooperar, de ayudar, y de asimilar tus consejos y recomendaciones estarás en el buen camino. Cuando se dirija a ti y te transmita que este mes todavía no os habéis sentado o que las conversaciones contigo le hacen ser “mejor” o le “motivan” estarás encaminándote hacia el sendero correcto.

Felices entrevistas y recordad que invertir en el crecimiento de nuestros colaboradores es, también, invertir en el nuestro.

Tags: , , , , , , , ,