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A la hora de trabajar con nuestros equipos es importante saber quienes somos y cómo influimos o impactamos en nuestros colaboradores. Este post aporta 10 ideas a  tener en cuenta en nuestro trabajo diario con las personas que colaboran con nosotros. Influimos, para bien y para mal, más de lo que creemos. Es importante ser consciente de ello para hacer posible un clima en el que ganemos todos. Ahí van:

–  Conoce a cada uno de los miembros de tu equipo hasta donde ellos quieran ser conocidos. El profesional y la persona son un todo por lo que es necesario tener una perspectiva integral de tu colaborador.  El conocimiento de la individualidad te ayudará a encajar las piezas en el engranaje y posibilitará que formen un “todo”.

Se consciente de tus puntos débiles y utiliza esa información para escoger a los miembros de tu equipo de cara a que podáis compensaros mutuamente. Al final un equipo es una suma de imperfecciones cuyo objetivo es lograr el equilibrio a través de la compensación. Tú les compensarás a ellos y ellos te compensarán a ti.

– Estimula el principio de “Cuestiona lo que el jefe dice u ordena”. Es positivo hacer ver a tu equipo que estás dispuesto a cambiar tu criterio u opinión si alguno de los miembros aporta uno mejor. Nadie está en posesión de la verdad.

– Abandona actitudes paternalistas. En ocasiones un jefe puede llegar a considerarse un guía o gurú de su equipo desde una actitud paternalista o de superioridad. Intenta tratar a tu equipo con sinceridad y de tú a tú entendiendo que estás delante de una persona de la que únicamente te diferencia una posición en una escala jerárquica.

–  Guía a los miembros de tu equipo fuera de su zona de confort. La única manera de aprender o de vivir experiencias nuevas es salir de la zona de confort que cada uno tenemos. Esa zona es aquella que dominamos porque las tareas que hacemos ahí no guardan ningún secreto para nosotros por lo que nos sentimos cómodos en ella. El desarrollo de nuestros colaboradores pasa, entre otras acciones, por proponerles retos que les saquen de la comodidad. Retos, claro está, realistas; no puedo pedir que se tire a la piscina a quién no sabe nadar.

– Dirige a tu equipo siendo tú mismo.  El colaborador tiene que percibir autenticidad en la persona que le dirige. Es lógico que el ser uno mismo se combine con el conocimiento de medio en el que está y con los valores y reglas del juego de la empresa en la que uno trabaja. Si el colaborador cree en su jefe tendremos una magnífica base que cimentará una fructífera relación.

– Defiende a tu equipo cuando se haya sido injusto con él. Es importante que un responsable defienda de manera educada, pero también taxativa, a su equipo cuando entienda que debe hacerlo. No es cuestión de guerrear ni de que haya conflictos ya que lo deseable es que no existan,  pero si los hay y entendemos que alguien ha sido injusto con el equipo házselo ver y manifiesta claramente tu opinión.

– Abandona la palabra culpa fomentando el concepto de “Responsabilidad”. La culpabilidad debería ser una palabra restringida al ámbito judicial. En ocasiones nos expresamos en el trabajo utilizando las palabras “culpa” y “culpable” en vez de entender  que las personas cometemos errores. Si existe un error, dialoguemos con quién  lo ha cometido, hagámosle ver lo que ha sucedido y sus consecuencias e incentivémosle a que aprenda de ello, siga trabajando y tomando decisiones.

– Cada componente del equipo tiene que hacer lo que mejor sabe hacer. Es sencillo, cuando tienes un equipo y tareas que afrontar lo óptimo es dar la responsabilidad a cada uno de ellos en su área competencial más fuerte. Si hay que hacer, por ejemplo, tareas administrativas escogeremos a la persona más organizada. Cada vez tengo más claro que en ocasiones erramos cuando entendemos que el desarrollo de las personas pasa por someterles a tareas para las que no están dotadas. Entiendo positivo que el interés o las ganas de superarse de una persona le puedan llevar a aprender cosas que no domina, pero su rol laboral tendría que desempeñarlo en aquellas áreas en las que es realmente fuerte.

Importante matizar que este punto no es contradictorio con el punto en el que invito a abandonar la zona de confort. Abandonar la zona de confort no es poner a escribir un libro a quién no lee o no sabe apenas redactar. Abandonar la zona de confort es, por ejemplo, pedir a una persona, que le gusta dialogar con cada uno de los miembros de su equipo, que les convoque a todos en una sala y se aventure a hablar delante de todos.  Es decir, superar miedos, complejos o prejuicios para acabar realizando cosas para las que uno vale pero que nunca ha afrontado por esos lastres con los que carga.

–  Que te recuerden por algo más que por ser su jefe. Además de hacer lo que se le supone a un responsable que tiene que hacer trata de aportarles tus experiencias, vivencias, pareceres, desafíales a que afronten sus miedos. En resumen, trabaja para que cuando dentro de muchos años recuerden el tiempo que pasaron contigo puedan contar al menos un par de cosas que te diferencien, en positivo, del resto de jefes o responsables que hayan tenido a lo largo de su vida laboral.

En conclusión: En tus manos está configurar un equipo brillante o mediocre.

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