En innumerables textos, libros, posts y charlas de café encontramos alusiones, cuando no espacios mono temáticos, referidos a la ética y a la moral tratados de manera generalista y  encarnados en propuestas para manejarte en tu ámbito personal, social y laboral.

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Normalmente ello viene aderezado con un discurso del Santón de turno aliñado con una actitud “sientacátedras” o bien con un estudiado tono de desenfado que busca vender su producto de una manera estudiadamente dejada pero con las mismas pretensiones.

En mi opinión hablar de ética y moral en términos de globalidad es poco realista. Una persona es un mundo, una escala de valores, y una manera de entender las cosas. Estoy de acuerdo en que hay una serie de generalidades sobre lo que “está mal” y “lo que está bien”  en la que puede haber mayor acuerdo, pero cuando vamos al terreno de lo matizable y censuramos actitudes, discursos y comportamientos de nuestros semejantes entramos en terrenos emparentados con la intolerancia, el cinismo y la envidia . Pongo ejemplos de ello:

– La presión social para que una cadena de fast food retire su menú XXL o el Supersize. ¿No tengo la suficiente madurez para decidir el tamaño de menú que me quiero comer en Burger King o Mc Donalds?

– La venta de productos de alimentación a punto de caducar con descuentos del 50%. En  función de cuando vaya a consumir un producto me puede interesar adquirirlo a mitad de precio o puedo pensar que es indecente vender algo que caduca mañana.

– La polémica de prohibir o seguir permitiendo las corridas de toros. Sufrimiento animal vs negocio de empresarios, representantes, toreros y ganaderías. Da para tantas opiniones como gente opine y eso es sano.

– La obligación legal de retransmitir una serie de acontecimientos deportivos por haberse denominado “de interés general”. De “interés general” puede ser que una persona desayune, coma y cene y eso nadie lo garantiza por ley.

Estas cuestiones se han debatido de manera apasionada y controvertida por personas y entidades que han querido encasillar y etiquetar estas actitudes, ¿pero podríamos afirmar con rotundidad que en líneas generales esto es bueno o malo?

En una sociedad, como la actual, que se perfuma de una empalagosa orientación a lo políticamente correcto el cinismo es un valor en alza, no cuesta nada censurar públicamente aquello que nosotros mismos acabáremos haciendo una hora después con nocturnidad y alevosía. Pongo un ejemplo, socialmente ver programas del corazón y miserias varias está visto como algo hortera y poco “cool”, pero casualmente estos programas perduran, aumentan e incrementan sus horas de emisión “porque no los ve nadie”.

Hay una anécdota de Maradona que para mí resume este tema, ante la pregunta de un periodista en la que le acusó de ser un mal ejemplo para los niños por sus problemas con las drogas él contesto que no aspiraba a ser un referente moral para nadie y que los niños tenían que fijarse en sus padres. Independientemente de la valoración del caso en sí Maradona acertó. La ética y la moral tienen que crecer al amparo de referentes cercanos (padres, familia, amigos, pareja, profesores) y huir de la globalidad, lo mediático y lo que “está de moda”. Es decir de lo personal hacia lo social, y una vez dentro de lo que denominamos sociedad todo ha de ser cuestionado, analizado y valorado. Podemos no estar de acuerdo, pero entendamos que haya personas que opinen lo contrario y que, incluso, nos puedan convencer.

Pertenece al ámbito de la libertad individual manejarte con tus propias referencias y referentes éticos;  las líneas de pensamiento globales conducen inexorablemente a sociedades Orwellianas donde las palabras crítica, personalidad, criterio y opinión no aparecen en los diccionarios.

 

 

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